miércoles, 15 de junio de 2011

Z.Sitchin

El Planeta X es un misterioso planeta vagabundo que orbita en la lejanía de nuestro sistema solar, y que se espera que vuelva a este lado del sistema pronto. En la mitología sumeria, el Planeta X es llamado “El Señor” y es el hogar de un grupo de seres a los que la Biblia llama “Los Brillantes”. Según mi interpretación de los mitos sumerios, estos sabios seres, los ángeles del Antiguo Testamento, poseían una tecnología enormemente avanzada. Operaban una puerta estelar que unía el Cielo con la Tierra. Alde almas que operaba en conjunción con la puerta. Poseían el secreto de la alquimia, la transmutación de los elementos, mediante la cual podían crear armas de destrucción masiva y seres humanos avanzados. El dios sumerio del Sol entra en la Tierra a través de una puerta. Los Resplandecientes del Planeta X estuvieron aquí por última vez hacia el año 3760 a. C., que es el teraron genéticamente el cuerpo humano como una “máquina de resurrección” Tiempo en que Anu, el regente del Planeta X, hizo su última visita. En una ceremonia matutina en la que Anu sale de la Tierra, EA y Enlil, dos de sus hijos, esperan a Anu en lo que se llama “el soporte dorado”. Sostienen varios objetos: “lo que abre los secretos” (con toda seguridad la egipcia Llave de la Vida), “los discos del Sol” y “los espléndidos postes brillantes”. El dispositivo “soporte dorado” está enfundado en una piel dorada. Anu y su esposa, Antu, están de pie frente al soporte dorado, que solo puede ser el Pilar del Árbol de la Vida, un dispositivo de 45 pies de altura (13,7 metros) de aleación de oro del que los egipcios decían que podía abrir “agujeros en el espacio”. Este dispositivo (abajo) iba montado sobre una plataforma que recuerda en forma y funciones al Arca de la Alianza. El Pilar o Árbol de la Vida egipcio. ©Richard H. Wilkinson. El dispositivo se activa, la puerta se abre y Anu y Antu entran en el Abismo (algunas veces llamado La Pesca de Isis). ¿Anu entrando en la puerta para volver al Planeta X? ©Z.Sitchin, Al principio de los tiempos. Increíblemente, el estudioso de Sumer Zecharia Sitchin ha recuperado las que pueden ser descripciones de esta escena. Aquí vemos a dos personas flanqueando la entrada a una puerta con una tercera persona que entra (o sale) por ella. Los símbolos del Sol y la Luna pueden verse sobre la puerta. Los dos guardias sostienen dispositivos, largos postes con topes circulares, que Sitchin concluye que servían a un propósito astronómico. También los iguala con los pilares dorados que se hallaban a la entrada del Templo de Salomón. 1 Siendo así, ¿podemos ver estos dispositivos como agujas doradas? ¿Está la historia de estas agujas doradas incluida en la mitología antigua? ¿Es el “hilo de plata” usado por estas agujas un agujero de gusano que enlaza la Tierra con el Planeta del Señor? Mientras se hace incierto que el Planeta X aparezca en el futuro, una cosa es cierta. El retorno de este planeta se centra en la recuperación de una tecnología que una vez se ubicó en el Templo de Salomón y que era usada para abrir una puerta que unía regiones lejanas en el espacio. La reciente actividad militar y política sugiere que los poderes mundiales están tomando posiciones por si el retorno del Planeta X fuera inminente. Las apuestas son altas. Este planeta es el centro de una profecía bíblica conocida como “El día del Señor”. El hombre sentado en el centro de este asunto es Sadam Hussein, el dictador iraquí asesino de masas con la sonrisa del gato de Cheshire. Sitchin, uno de los pocos expertos en el Planeta X, indica que, según la profecía, la última vez que este planeta fue visible fue en el siglo VI antes de Cristo. El Día del Señor (el retorno del Planeta X) ocurrió hacia el 550 a. C., cuando las profecías dijeron que se haría visible. Esa es una fecha extraordinaria. En 576 a. C. el rey babilonio Nabucodonosor destruyó y saqueó el Templo de Jerusalén, capturando a tres sabios del Templo, y como detallaré en un momento, parece haber negociado un pacto con estos sacerdotes para abrir una puerta al Cielo. Como describe el libro de Daniel,2 puso a los tres sabios dentro de un “horno encendido”. Cuando reaparecieron, no solo se encontraban perfectamente, sino que no estaban solos. Tenían al lado a un “hijo de los dioses”.

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